24 junio 2013

Mongolia: mi tierra prometida

¿Si pudieras viajar a cualquier lugar del mundo, a dónde te gustaría ir? Mi respuesta es Mongolia. 

Yurta
Me viene a la mente un recuerdo. Tengo unos diez años y estoy aprendiendo las capitales del mundo. China: Pekín;  India: Nueva Delhi; Corea del Sur: Seúl; Corea del Norte: Pyongyan; Mongolia: Ulan Bator. U-lán Ba-tor. Lo repito. Lo paladeo. Me imagino cómo puede ser un lugar que tenga un nombre tan enigmático. Voy a mi atlas Océano y busco Mongolia, donde viven los mongoles y las mongolas. Y no entiendo por qué cuando, a veces, me insultan en el cole me llaman mongola. 






Aprendo que es un lugar donde hace mucho frío, donde la gente es nómada, vive en unas casas circulares, llamadas yurtas, que montan y desmontan cada vez que se mueven de un sitio a otro. Que en invierno visten con abrigos, botas y gorros de pieles muy graciosos y en verano con túnicas de colores vivos. Que cabalgan en pequeños caballos peludos, que beben leche de yak y les gusta la cetrería y la lucha libre. Que los habitantes de ese enorme y desconocido país son gente de baja estatura, pelo negro fino y liso, ojos rasgados, mejillas sonrosadas, cara de luna y nariz pequeña y redonda. Y me veo reflejada y me pregunto si no tendré yo algún antepasado mongol. 

No sé por qué pero me fascina todo lo que tiene que ver con su cultura, su inclemente clima, sus agrestes paisajes. Nunca he estado allí y no sé si alguna vez iré, pero cada vez que me topo con algo proveniente de Mongolia me siento atraída de forma magnética. No sólo por el propio país, sino por Mongolia interior, una región de China con la que comparte todo menos moneda y control político.  

Mongolia, ahora empobrecida y olvidada, tuvo su momento de gloria en el S. XIII, bajo la espada de Temudyin, el implacable Gengis Khan. El Imperio Mongol pasó a ser, en 1206, poco más del territorio actual, a abarcar, en 1279, desde Corea hasta el Danubio, con unos 44 millones de kilómetros cuadrados (el 30% de la superficie de la Tierra) y más de 100 millones de habitantes. Por hacer una comparativa, el Imperio Romano, unos siglos antes, alcanzó una extensión de 6,5 kilómetros cuadrados y 88 millones de personas. Da que pensar sobre lo parcializada y occidentalizada que nos enseñan la historia "universal". 

Como es imposible hacerse con un libro de Mongolia que no sea una guía de viajes, mi contacto con esa tierra y esa cultura se ha producido a través del cine. Os dejo las películas que he visto, aunque lamentablemente todas se centran en ese aspecto de pastores nómadas que, si bien es representativo de la cultura mongola, digo yo que no será lo más habitual (podemos ver un retazo de otra realidad más occidental y "desarrollada" en La boda de Tuya). 

La primera película que vi fue El perro mongol, una cinta realizada con presupuesto alemán, pero dirigida y protagonizada por mongoles. Es la historia de Nansal, la hija mayor de una familia de  nómadas mongoles que, un día, se encuentra un cachorro de perro mientras recoge estiércol cerca de su casa. Desde el primer momento se encandila con el perro, pero su padre teme que sea un descendiente de lobo que les llevará mala suerte y le pide que se deshaga de él.  

Con ella descubrí cómo se montan las yurtas, cuál es el tipo de alimentación que tienen, las creencias, las supersticiones y los roles de la mujer y del hombre dentro de la cultura mongola. 



La segunda fue La boda de Tuya, una película china que trata sobre Tuya, una joven mujer que vive en la Mongolia más profunda con su marido inválido, sus dos hijos y un rebaño de ovejas. La presión del gobierno para que los pastores nómadas abandonen su estilo de vida es muy fuerte y el esfuerzo que tiene que hacer Tuya para sacar adelante a la familia es tan grande que cae enferma y no le queda más remedio que divorciarse de su marido y casarse con un hombre que le ayude en el día a día. A pesar de que tiene muchos pretendientes, la condición de que el nuevo marido acepte al anterior, hace que todos huyan. 



Aunque Tuya tiene que divorciarse de su marido para poder casarse con otro, la aceptación del marido inicial se basa en la poliandria (una mujer que se casa con varios hombres) que no era infrecuente en esa región antiguamente. Eso no quiere decir que las mujeres tengan una condición importante y dominante en la sociedad mongola más tradicional. De hecho, en la película siguiente (bien es cierto que está ambientada en el S. XII) un mongol le dice a otro: "Para un mongol es más importante su caballo que su mujer". 

La película es Mongol, una cinta kazaja que cuenta la vida de Gengis Khan, desde los nueve años hasta que se convierte en el Emperador de todos los mongoles y donde, por cierto, escoge a su futura mujer como si fuera un caballo, de una fila de ocho niñas de entre 8 y 10 años. La película fue nominada al óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2007, pero lo que más me llamó la atención fue la música. Una banda sonora increíble con el colofón final de la banda de folk rock Altan Urag.  



La última de las películas que he visto (he descubierto que hay muchas más que voy a intentar conseguir pese a la dificultad, que existe en España, para encontrar cintas que no sean de Hollywood) es La gran final y es una coproducción hispano-germana (me ha sorprendido mucho conocer que muchas de las películas que hay de Mongolia están realizadas por iniciativa y/o presupuesto alemán. Alguna conexión oculta tiene que haber por ahí.). En realidad, La gran final, de Gerardo Olivares, no sólo trata de Mongolia, sino que son tres historias que tienen en común que los tres protagonistas (una familia de nómadas mongoles, una caravana de camellos de los Tuaregs en el desierto del Sahara y un grupo de indígenas en la Amazonía brasileña) intentan ver, por todos los medios, la final de la Copa del Mundo de Fútbol de Japón 2002 entre Alemania y Brasil. Lo mejor el humor con el que se aborda la situación y la increíble inventiva que destilan para poder conseguir ver el partido. 


Seguiré viendo películas sobre Mongolia y, quién sabe, quizás un día, me monte en el Transiberiano y  conozca, finalmente, mi tierra prometida. 

2 comentarios:

  1. A mi me pasa lo mismo con ese país. No sé que es lo que me atrae tanto de él, quizás una mezcla del paisaje, la historia y la cultura. Es cierto que es muy difícil profundizar en como es la vida allí porque todo cae en los tópicos y en lo relacionado con el turismo. La verdad es que no es un lugar que le interese a mucha gente, de hecho el interés es más bien motivo de chanzas. Por extravagante, según la percepción de quien las hace.

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    1. Hola Patri,

      Espero que algún día puedas viajar a Mongolia y cuando retornes, me vuelvas a escribir y podamos intercambiar impresiones.

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